Varian Fry: Salvador de intelectuales judíos (Parte 1)
- CDIJUM
- 11 de agosto de 2021
- Lectura de 4 min

En el primer número de la revista Zéjel, en el invierno de 1996, apareció un texto de Donald Carroll titulado Varian Fry: Salvador de intelectuales judíos, en el que se narra la interesante historia sobre este personaje norteamericano cuya labor salvó la vida de algunos intelectuales en peligro debido a la persecución de los nazis.
A partir de hoy, cada semana compartiremos contigo una parte de este interesante texto. Aquí tienes la primera entrega.
Varian Fry: Salvador de intelectuales judíos (1a parte)
Donald Carroll (Transcripción por Carmen Peña)
“Al igual que el primer canto de un ave en un obscuro amanecer, un rumor corría por los cafés”, recuerda el escritor checo Ilans Natonck: “Se decía que había llegado un norteamericano que tenía fondos y quería ayudar. Fue una distracción más para una ciudad en la que los operadores del mercado negro vendían a hombres histéricos camarotes en barcos que no existían con destino a puertos que, en todo caso, les hubiesen negado la entrada. Se decía que este norteamericano tenía una lista”.
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Varian Fry, el norteamericano en cuestión, llegó a Marsella en agosto de 1940. Por cierto, sí tenía una lista. En los siguientes doce meses, este dandy norteamericano, un hombre delgado y de lentes, sería el responsable de una de las operaciones más audaces durante la Segunda Guerra Mundial: el rescate y traslado masivo de la clase intelectual de un continente a otro: una hazaña que Laura Fermi, esposa del gran físico Enrico Fermi, más tarde lo describió como “un fenómeno único en la historia de la emigración”.
Fry no parecía ser el más apto para llevar a cabo esta tarea. Nacido en 1908, hijo de un acaudalado corredor de bolsa de Nueva York, fue un niño enfermizo que más tarde se convirtió en un dotado lingüista, con una especial pasión por el latín –y en un talentoso antagonista de cualquier persona que él considerase intelectualmente inferior a él.
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En 1926 ingresó a Harvard, donde cultivó la vena excéntrica (no tocaba un sándwich salvo que lo hiciese con cuchillo y tenedor) y una vanidad sub-Wildeana (siempre llevaba una flor en su ojal y un pañuelo de seda caía como cascada del bolsillo de su chaqueta). Salió de Harvard tal y como había entrado, sin amigos.
Sin embargo, hubo una excepción. Durante su último año de estudios conoció a Eileen Hughes, una editora del Atlantic Monthly, mujer gentil y maternal que era siete años mayor que él. Contrajeron matrimonio en 1931. Después de mudarse a Manhattan, Eileen se empleó como profesora de inglés y Fry obtuvo un puesto de editor asistente en la revista Scholastic. En 1935, a la edad de 27 años, se le ofreció el cargo de editor en jefe de The living Age, una prestigiosa publicación de asuntos internacionales. Este cargo conllevaba una condición: Fry debía viajar a Berlín y ver por sí mismo lo que ocurría con el gobierno del Tercer Reich. Posteriormente viajó y regresó a Estados Unidos con una causa: alertar a los norteamericanos acerca de las intenciones de Hitler. Sin embargo, sus advertencias cayeron en oídos sordos o, en el mejor de los casos, oídos indiferentes.
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En 1939, cuando Alemania invadió Polonia, Fry y el emigrante australiano Karl Frank comenzaron a reunir fondos para trasladar hacia Estados Unidos a los refugiados que escapaban del nazismo. Cuando Francia capituló ante Alemania en junio de 1940 y se formó el gobierno de Vichy, Fry se dio cuenta que eso no sería suficiente: ahora no solo estaban los judíos franceses amenazados por su gobierno, si no también miles de escritores, artistas e intelectuales que habían escapado al sur de Francia cuando Hitler conquistó el poder. Para Fry, los portadores de la Torá de la civilización europea, su gente, se encontraba prisionera en el mayor campo de concentración del mundo.
Continuará…
Segunda parte diponible aquí
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Referencia:
Carrol, D., “Varian Fry: Salvador de intelectuales judíos, Zéjel, 1996, Chile, pp. 35-41.
CDIJUM
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